La gestión emocional ecológica en la vida del líder

Desarrollando inteligencia emocional como base para un liderazgo resonante

                 “La estabilidad emocional desata la habilidad”. Arnoldo Arana

La solidez de nuestras emociones determina en qué medida logramos desarrollar nuestras capacidades innatas. Sin fortaleza y madurez emocional, carecemos del entorno y de la fuerza interior necesarios para desarrollar los talentos y las habilidades que determinan el éxito. “La aptitud emocional es una metahabilidad y determina lo bien que podemos utilizar cualquier otro talento, incluido el intelecto puro”.

La estabilidad y la madurez emocional son esenciales para la efectividad personal

Aprender a gestionar nuestras emociones juega un papel fundamental en nuestro desempeño, nuestra efectividad, nuestro crecimiento, en la posibilidad de desarrollar nuestro potencial, y en el desarrollo y desempeño en el liderazgo.

Nuestras emociones son guías esenciales para desenvolvernos con éxito en la vida, alcanzar objetivos, desarrollar talentos y habilidades naturales, sentirnos satisfechos, dominar los hábitos mentales que favorecen nuestra propia productividad y, en general, ser más eficaces en lo que emprendemos.

Por el contrario, nuestra incapacidad para edificar una vida emocional estable y saludable, nos sumerge en luchas internas, contradicciones e impases que sabotean nuestra efectividad en la vida.

Nuestra solidez emocional es la que decide en qué medida conseguiremos desarrollar nuestras capacidades innatas, al crear la plataforma sobre la cual se desarrollarán los talentos y habilidades. Al carecer de estabilidad emocional, careceremos también del ambiente interior- la fuerza interior- necesaria para desarrollar las destrezas y habilidades que determinan el éxito.

El desempeño efectivo depende mayormente de nuestra gestión emocional

Estudios sólidos demuestran que el éxito profesional y personal, está más relacionado con la madurez de nuestras emociones, que con nuestro desarrollo académico e intelectual.

Algunos estudios de prestigiosas universidades norteamericanas atribuyen a la educación formal o académica el 20% del éxito personal, y el otro restante 80% lo relacionan con el desarrollo de una emocionalidad saludable.

¿Las emociones operan a nuestro favor o en nuestra contra?

“Las emociones son parte de todo problema y de toda solución. Las emociones pueden ser igualmente beneficiosas o limitadoras”.

Dependiendo de la forma como gestionemos nuestras emociones, dependerá de si aprovechamos el potencial de las emociones para nuestro crecimiento, contextualización y adaptación al entorno, desarrollo de talentos y habilidades, uso de nuestra inteligencia, efectividad personal, desarrollo de nuestra capacidad de liderazgo, etc.; o si, por el contrario, se convierten en un obstáculo en nuestro crecimiento y desempeño. El punto es que las emociones pueden ser igualmente beneficiosas o limitadoras. Podemos hacer un manejo virtuoso y funcional, o un manejo patológico y disfuncional de nuestras emociones.

Podemos hacer un manejo virtuoso de las emociones o un manejo patológico.

Estrategias para el manejo de las emociones

Podemos optar por reprimir y controlar las emociones o por facilitar su expresión.

  1. El control: una estrategia neurótica de gestionar las emociones

“Cuando digo controlar las emociones, quiero decir las emociones realmente estresantes e incapacitantes. Sentir emociones es lo que hace a nuestra vida rica”. Daniel Goleman

Una de las estrategias – estériles e inefectivas – que más utilizamos para lidiar con las emociones con las cuales nos sentimos incómodos, tales como la ira, el miedo, la impotencia, la frustración, la inseguridad, entre otras, es el control. Al respecto comenta Norberto Levy: “Al sentir una emoción que nos disgusta, como el miedo o enfado, queremos controlarla para que desaparezca. Pero así sólo se intensifica. El camino es ayudarla a madurar”.

Hay muchas maneras de controlar las emociones. Podemos racionalizarlas, reprimirlas, negarlas o simplemente tratar de desconectarlas, en el caso de que nos resulten demasiado amenazantes. 

  1. La expresión: una estrategia ecológica de gestión de las emociones

La clave para lograr efectividad en el manejo y gestión de las emociones no es negarlas o controlarlas, sino permitir que fluyan, lo cual no quiere decir que si, por ejemplo, estamos enojados (as) con nuestro cónyuge o jefe, demos rienda suelta a nuestro enojo y les lastimemos, o traspasemos sus límites y derechos, sino más bien dejar que nuestra emoción nos informe que está pasando con nosotros, para luego decidir cómo atenderla de la manera más segura y productiva. 

La idea implícita es la del “judo emocional”, lo cual consiste en ver la emoción como una fuerza que busca expresar una necesidad del organismo y tratar de absorber la energía o fuerza (fluir con lo que estamos sintiendo – adquirir plena conciencia) y ayudarla (no bloquearla, controlarla) para que complete su movimiento, utilizando su fuerza para que continúe su camino, en vez de bloquearla, causando que nos tumbe o agobie. 

¿Cuál es tu reacción, percepción, con relación a tus emociones?

¿Qué piensas (es negativa o positiva)? ¿Cómo respondes (reprimes, fluyes, expresas)?

EmociónReacción / percepción
Miedo
Rabia
Tristeza
Alegría
Otro que te llamen la atención

Evaluación de tu gestión emocional

Evalúa del 1 al 10 tu gestión emocional, donde 1 es la evaluación más baja y 10 la más alta.

EmociónEvaluación 1 al 10
Miedo
Rabia
Tristeza
Alegría
Tranquilidad
Impotencia – frustración
Otras que te llamen la atención

Resonancia vs disonancia

La resonancia o la disonancia como conceptos son términos que vienen originalmente de la música y dentro de este ámbito se refiere a la comodidad y armonía, o la incomodidad y desarmonía del sonido. Aplicado al liderazgo se refiere a líderes que entonan o desentonan con sus equipos de trabajo.

Hay dos tipos de líderes: los resonantes, que motivan a los demás a crecer en conjunto, y crean un ambiente emocional positivo; y los disonantes, que con regularidad desmotivan al personal y crean un ambiente emocional negativo; a la larga terminan por llenar de estrés a la organización.

Liderazgo resonante

El liderazgo fuerte se construye a través de la inteligencia emocional y el liderazgo resonante. El liderazgo resonante es un tipo de liderazgo que sintoniza con las emociones de las personas y las encauza en una dirección emocionalmente positiva, mostrando empatía por los colaboradores, creando armonía y motivando a que el grupo siga instrucciones. La clave del liderazgo resonante se asienta en las competencias de la inteligencia emocional que posean los líderes, es decir, en el modo en que gestionan la relación consigo mismos y con los demás.

Herramientas como la escucha activa, la retroalimentación, la empatía, la flexibilidad en el uso de los diferentes estilos de liderazgo, el buen humor, la asertividad, la congruencia personal, entre otras, forman parte del repertorio de herramientas en las manos del líder para lograr resonancia.

Líder disonante

Un líder disonante se caracteriza por hallarse tan desconectado de las emociones del grupo que lidera que moviliza sus emociones en forma negativa. Este tipo de liderazgo crea grupos emocionalmente discordantes en los que las personas tienen la sensación constante de estar desconectadas de los demás. Crea, además, desmotivación y conflictos. El líder disonante crea emociones adversas en su equipo, dado su baja capacidad para empatizar; y es presa de sus emociones, lo que genera un alto grado de malestar en el grupo, con la 

consiguiente disminución del rendimiento de los colaboradores. Terminan sacando lo peor de la gente. 

Los líderes que obtienen los mejores resultados son aquellos que emplean estilos que generan un efecto emocional positivo. Entre estos estilos mencionan a los liderazgos: estilo visionario (alienta la resonancia estableciendo un objetivo común que resulta movilizador para los seguidores), estilo coaching (el líder contribuye a que las personas identifiquen sus fortalezas y debilidades peculiares y las integren en sus aspiraciones personales y profesionales), estilo afiliativo (se centra por igual en los objetivos y en las necesidades emocionales de los empleados, por ello se asienta fuertemente en la empatía), y estilo democrático (fomenta la participación activa de los colaboradores). 

Y como estilos disonantes mencionan el estilo timonel (se enfoca en alentar y ejemplificar niveles elevados de rendimiento), y estilo autoritario (tiende a actuar en forma coercitiva, y le cuesta delegar su autoridad). Dadas las características de estos estilos, lo autores recomiendan usar estos estilos con mucha prudencia. 

La gestión emocional es uno de los factores más críticos para nuestra salud y desempeño. Son mecanismos de adaptación a las demandas del entorno. Las emociones desempeñan un papel esencial en nuestra efectividad personal. Es la solidez de nuestra gestión emocional la que decide en gran medida nuestro éxito en lo que hacemos. Sin fortaleza y madurez emocional, carecemos del entorno y de la fuerza interior necesarios para generar estabilidad, desarrollar nuestro potencial y liderar con resonancia. El desarrollo de la inteligencia y la competencia emocional es un factor esencial en los resultados que aspiramos a generar. 

Para reflexionar:

  • ¿Cultivas la madurez e inteligencia emocional?
  • ¿Tu gestión emocional actual es una aliada o un obstáculo en el proceso de desarrollar tus talentos y aprovechar las oportunidades que el entorno te ofrece?
  • ¿Eres un líder resonante o disonante?
  • ¿Cómo manejas tus emociones?
  • ¿Tienes una gestión emocional saludable y funcional?