El uso del poder para desarrollar liderazgo personal

La mayoría de las personas consideran el poder un fenómeno interpersonal que involucra a dos o más sujetos. Uno que actúa como dominador y otro como dominado, uno que manda y otro que obedece. De esta forma lo asocian a una posición; y, consecuentemente, con la capacidad de controlar y dominar recursos o personas.

Otros lo asocian con la facultad o potestad de imponer su voluntad sobre otros a pesar de las resistencias. En otras palabras, con la capacidad de hacer que alguien haga algo o deje de hacerlo. 

Todas estas nociones de poder se enmarcan dentro del paradigma dominador – dominado, lo cual hace referencia a relaciones de poder basadas en estructuras legales, de gobierno y de clases dominantes: señor – siervo, jefe – subordinado, gobierno – nación, etc. Estas definiciones, gramaticalmente hablando, corresponden al poder como sustantivo, lo que puede significar varias cosas: el dominio, imperio, facultad o jurisdicción que tiene alguien para ordenar algo.

El poder como habilidad intrapersonal

El poder puede ser visto como una capacidad del individuo, y no como una fuerza o estatus que se le otorga desde afuera.

El ejercicio del poder se centra en la personalidad y no en la técnica. Es más un asunto de carácter y habilidad. El poder es profundamente personal. Tiene que ver con la singular capacidad de la persona para responder a los retos y desafíos de la realidad.

En este sentido, el autor H.B. Karp define el poder como “una habilidad intrapersonal”. “La capacidad para el poder es interna y no está sujeta a influencias externas”. Es un desarrollo personal.

El poder es “la energía básica necesaria para iniciar y continuar una acción… la capacidad para traducir intención en realidad y continuarla”. 

El poder “es energía que se mueve hacia objetivos definidos”. El poder se asocia estrechamente con la capacidad de enfoque. 

Por ser, entonces, el poder una habilidad intrapersonal, uno no puede empoderar o desempoderar a otra persona. Lo que podemos hacer es quitar los obstáculos de su camino o crear las condiciones que estimulen a la persona, pero el verdadero empoderamiento es asunto de ellas. El poder reside en la elección consciente. Uno decide vivir empoderado o desempoderado. Dice H.B. Karp: “Uno no puede empoderar o desempoderar a otra persona, ni nadie puede empoderarlo o desempoderarlo a uno”. El empoderamiento es una elección personal. Es una actitud de vida.

El poder no es un asunto de estatus o posición. Es una habilidad que tiene que ver con la capacidad de movilizar la energía personal en función de los objetivos propuestos.

¿Cómo construye la persona su poder personal?

El poder es energía que se mueve hacia objetivos definidos. Arnoldo Arana

El poder es la energía básica necesaria para iniciar y continuar una acción… la capacidad para traducir intención en realidad y continuarla. Esta capacidad para movilizar la energía propia hacia objetivos y visiones personales y organizacionales se traduce en una habilidad para lograr la transformación propia y de la realidad circundante, y en la capacidad de organizar y activar eficazmente y de manera concentrada todos los recursos.

El proceso de desarrollar poder, tiene que ver, pues, con el proceso de aprender a dirigir su energía hacia sus fines. El poder surge cuando la persona aprende a canalizar sus energías hacia sus objetivos definidos.  El poder es energía enfocada.

La pregunta importante es: ¿cómo activamos ese poder interno o cómo nos empoderamos?

Hay un factor indispensable para el empoderamiento personal, y ese factor clave es el enfoque. Empoderamiento y enfoque están muy relacionados. El poder personal se activa a través del enfoque. El enfoque tiene la capacidad de empoderarnos. El enfoque, entonces, se convierte en una fuerza intencional concentrada para afirmarnos o comprometernos con unas determinadas metas y propósitos.

Activar el poder interno, vale decir, el potencial propio: talentos, vocación, pasión, personalidad, experiencias, tiempo, conocimientos, 

atención, requiere contar con propósitos o metas claros y bien definidos que direccionen, enfoquen y canalicen nuestra energía en forma productiva.

El poder – el empoderamiento – depende de la capacidad de generar enfoque, y el enfoque sólo es posible cuando se tienen objetivos claros y concretos.

Sin foco u objetivos definidos y concretos, no hay empoderamiento, porque sin objetivos concretos el poder – nuestra energía – se diluye, se dispersa, se disipa, se estanca, y nos desempoderamos, al no poder enfocar y concentrar la energía personal hacia una meta u objetivo claro y concreto, que guíe, direccione y canalice nuestros esfuerzos.

La falta de un foco: propósito, visión, metas, nos desempodera, nos desgasta, porque nos priva de la brújula que encauce con dinamismo el desarrollo y la expresión de nuestro potencial. Sin propósito y sin metas, no hay enfoque, y sin este último no se puede direccionar la energía – el poder. ¿Cómo direccionar nuestros recursos, intenciones, fuerzas sin una dirección hacia la cual apuntar?

La ecuación de la efectividad se resume así:

Propósitos/Metas —> Enfoque —> Empoderamiento —> Resultados específicos

Queremos compartir contigo algunos factores importantes para incrementar tu capacidad de enfoque y, por ende, tu poder personal.  

  1. Definir prioridades

“Poner primero lo primero constituye un acto esencial en la vida.” Stephen Covey

La palabra prioridad se deriva del latín prior (anterior), y hace referencia a la anterioridad de algo respecto de otra cosa, ya sea en el tiempo o en el orden. Significa privilegiar algo por encima de otras cosas, como consecuencia de asignarle mayor importancia y preponderancia. 

Esto va más allá de establecer una herramienta o una lista de tareas con un orden y una jerarquía, ya que definir prioridades no es algo estático, pues la vida es dinámica y cambiante. Definir prioridades es más bien un proceso.

Por lo tanto, necesitamos criterios claros y firmes que nos permitan evaluar constantemente nuestra vida y nuestras circunstancias; que nos faciliten la toma de decisiones cuando los imprevistos, las contingencias, y los pedidos de otras personas nos interrumpan y nos quieran sacar del curso de acción, o aparezca un falso objetivo que amenace con distraernos de lo que realmente deberíamos hacer para ser productivos y efectivos.

  1. Definir correctamente las metas con base en prioridades

Las metas funcionan como una estructura que aporta enfoque, en la medida en que dichas metas representan las áreas prioritarias en la vida de una persona (familia, salud, trabajo, emprendimientos, finanzas, vida social, etc.), a la vez que existe un balance entre las diferentes áreas. 

Mientras más específicos y definidos son el propósito y la meta, mayor enfoque logramos y, en consecuencia, crecemos en empoderamiento. Es necesario, entonces, establecer las metas operativas y definirlas adecuadamente. Para tal fin, proponemos el esquema SMART: relevantes (importantes para la persona), específicas (detalladas), alcanzables (factibles), limitadas en el tiempo (con fecha o período de cumplimiento) y medibles (mesurables: cantidad, calidad, etc.). 

Ayuda también al proceso el definir un plan de acción para las metas establecidas, lo cual supone especificar dónde, cuándo, cuánto, cómo, con quién. Esto equivale a establecer un cronograma de ejecución, con la identificación de recursos. 

  1. Concentrar el esfuerzo en pocos objetivos a la vez es lo que llamamos esfuerzo concentrado.

No más de 2 o 3 metas a la vez. Una cosa a la vez. Es importante que nos concentremos en la tarea que tenemos entre manos. 

Necesitamos reconocer que nuestros recursos (tiempo, dinero, atención, energía, etc.) son limitados, y la única forma de optimarlos es concentrarlos en pocos objetivos a la vez. Si nos dispersamos en muchas actividades y objetivos al mismo tiempo, sólo podremos golpear esos objetivos de forma limitada. Un refrán popular dice que “el que asa varios conejos al mismo tiempo, alguno se le quemará”, y otro refrán dice que “el que mucho abarca, poco aprieta”.

La clave para desarrollar enfoque y efectividad personal es concentrar la energía en pocos objetivos a la vez, en lugar de dispersar y diluir la energía en muchos objetivos simultáneamente.

  1. Simplificar la vida para ser efectivo

“Detrás del noble arte de terminar las cosas, está el arte de no terminar otras cosas. La sabiduría en la vida consiste en eliminar las cosas no esenciales” (Lin Yutang).

Desarrollar enfoque va a demandar saber a qué decir NO y qué cosas asumir como objetivos medulares. Desarrollar enfoque no sólo significa decidir en qué enfocarse, sino también ser capaz de decir NO a otras docenas de cosas, a fin de lograr concentrar la atención y el esfuerzo en pocos objetivos al mismo tiempo.

  1. Implementar un sistema de rendición de cuentas

Para mantener el enfoque, es importante proveerse de una estructura de apoyo que permita monitorear y retroalimentarse en el avance hacia las metas.

A esa estructura de apoyo y retroalimentación la llamamos rendición de cuentas. Y consiste en conseguir una persona adecuada y de confianza a la que se pueda informar de los avances con respecto a una meta. Esta es una oportunidad para “verse en un espejo” y recibir retroalimentación sobre el desempeño en el avance hacia la meta, a fin de hacer los ajustes y cambios necesarios para enfocarte con efectividad.   

Ejercicio de enfoque

Área de prioridadMeta asociadaPlan de acción
Salud, trabajo, familia, etc.Meta SMARTAcciones específicas

Para reflexionar:

  • ¿Cómo es normalmente tu nivel de entusiasmo y motivación para emprender y lograr resultados?
  • ¿Vives empoderado o desempoderado?
  • ¿Cuál es el grado de cumplimiento y de logro en los emprendimientos y tareas que concibes o inicias?
  • ¿Cómo usas el poder en el ejercicio de tu liderazgo?
  • ¿Cuentas con metas claramente definidas (Metas SMART)?
  • ¿Acostumbras a rendir cuentas?